Hecho en un restaurante,
para un restaurante.
Tu restaurante completo,
sin pegar siete cosas con cinta.
Pedidos, cocina, mesas, repartidores y caja — todo hablándose entre sí desde el primer día. Tú cambias un precio en un lugar y cambia en todos.
No es una demo. Es el sistema con el que un restaurante real trabaja todos los días, desde que entra el pedido hasta que el repartidor toca la puerta.
Por qué es distinto
Nació adentro de una cocina, no en una junta.
Cada cosa que hace es porque algo se rompió en un servicio real y hubo que arreglarlo antes de abrir al día siguiente.
Un cambio, en todos lados
Subes un precio o marcas algo agotado y se ve al instante en la app, el menú digital, el kiosko y el punto de venta. Sin recargar nada.
La cocina no adivina
Cada estación recibe solo lo suyo, con el sabor, el término y la nota del cliente. Si una comanda no sale, te avisa — no se pierde en silencio.
Tu carta es tuya
Tacos, sushi, pizzas o café: armas tus propias listas de tamaños, términos y extras desde el panel. Nadie tiene que tocar código por ti.
El cliente sabe dónde va
Ve su pedido avanzar y al repartidor moverse por calles reales. Deja de preguntarte "¿ya va en camino?" por WhatsApp.
Los pedidos no se atoran
Un pedido confirmado que nadie cocina es lo peor que puede pasar. Hay candados en cada paso para que eso no suceda.
Se cobra lo que dice tu menú
El precio se calcula en el servidor, no en el teléfono del cliente. Nadie puede pagar $1 por lo que cuesta $500.
Míralo funcionando
Sigue un pedido de principio a fin.
Estas son las pantallas de Las Pinchis Alitas, el restaurante donde nació y donde corre todos los días. No son maquetas: es lo que ve el cliente, lo que ve la cocina y lo que ves tú.
El cliente pide por donde le quede cómodo.
Escanea un QR en la mesa y pide sin bajar nada ni crear cuenta. O usa tu app, donde ya trae su monedero y sus direcciones. O toca el kiosko del local y se salta la fila.
Las tres pantallas leen la misma carta. Cambias un precio en un lugar y cambia en todas — incluida la del mesero.



Y el mesero lo toma en la mesa.
El plano de tus mesas, como está el local. Se ve de un vistazo cuál está libre, cuál ya pidió y cuál lleva rato esperando la cuenta.
Se juntan mesas, se mueve un grupo de lugar y se cobra por partes. Al cerrar el turno, la caja cuadra sola — y si no cuadra, dice de cuánto es la diferencia.
El color dice el estado sin que nadie pregunte: azul ya pidió, amarillo se está atendiendo, verde ya se le sirvió, rojo pide la cuenta y morado ya pagó. Las libres se ven punteadas y las arrimadas dicen a cuál se unieron.


En cocina no se pierde ninguno.
Cuando entra un pedido, la pantalla de cocina se bloquea entera hasta que alguien lo toma. No es un sonidito que se pierde entre el ruido de la freidora: es una tarjeta que tapa todo y no se quita sola.
Ya tomado, cada pedido lleva su reloj corriendo desde que se cobró, no desde que alguien lo vio. Se ordenan por quién lleva más esperando.


Cada estación ve solo lo suyo.
La freidora ve alitas y boneless. La plancha ve hamburguesas y burros. Bebidas ve bebidas. Nadie lee una comanda de seis renglones para encontrar el suyo.
El reparto lo decide la categoría del producto, así que funciona con cualquier carta: una pizzería pone Horno y Ensaladas y queda igual de ordenado.
Cuando una estación acaba lo suyo, su tarjeta baja a “terminadas · esperando a otras estaciones” y dice cuál falta. Nadie manda el pedido a medias ni pregunta a gritos si ya salieron las papas.


El repartidor sabe a quién le toca primero.
Con varias entregas encima, la app le dice cuál conviene primero — y no por la distancia en línea recta, sino por la ruta real por calles. En un pueblo con un río en medio, esa diferencia son diez minutos.
Trae el pin exacto del cliente, el total, con cuánto va a pagar y el cambio ya calculado. Y su cuenta del día, para que no haya discusiones al cerrar.



El cliente sigue su pedido sin llamar.
Le llega un mensaje con su folio y un enlace propio. Ahí ve en qué paso va, cómo pagó y —si es a domicilio— la moto moviéndose en el mapa.
El enlace va firmado: solo abre el pedido de quien lo recibió. Y cuando caduca lo dice claro, en vez de dejar al cliente mirando una página rota.



Y tú lo ves todo, desde donde estés.
El panel abre en lo que necesita tu atención hoy: cuánto llevas, cuántos pedidos, por dónde entran y cuánto le debes al repartidor. Sin abrir cinco pantallas para enterarte.






Se acabó algo: lo marcas y desaparece.
Cada producto tiene su interruptor en el panel. Lo apagas y en ese momento se pone “Agotado” en la app, en el menú con QR, en el kiosko y en la pantalla del mesero. Nadie recarga nada.
Y no se borra: el producto sigue ahí con su precio y su foto. Al día siguiente lo vuelves a encender y regresa como estaba.


Y se lleva su ticket, en papel y en el teléfono.
El papel sale con tu logo, tus datos y el desglose completo — incluido lo que trae dentro una charola, que si no el cliente paga $650 sin saber qué eran. Abajo lleva un QR.
Lo escanea y abre el mismo ticket en su teléfono, que puede guardar. Es el comprobante de siempre, sin pedirle correo ni que se registre.


Tu cliente se entera sin abrir nada.
Con tu app instalada, cada paso del pedido le llega como aviso al teléfono: entró a cocina, ya está listo, el repartidor salió, ya anda en tu zona, tocó la puerta. No tiene que estar revisando ni preguntando.
Y si trae reloj, le llega ahí también — sin sacar el teléfono de la bolsa.

Todo lo que hace
Doce cosas que ya vienen andando.
No son módulos que se compran aparte ni cosas que “se pueden desarrollar”. Es lo que un restaurante real usa todos los días desde hace meses.
Sirve para cualquier cocina.
Tú armas tus categorías, tus tamaños y tus extras desde el panel. El sistema no sabe de alitas: sabe de lo que tú le pongas.
La comparación honesta
Contra lo que usas hoy.
| Lo que necesitas | WhatsApp y libreta | Punto de venta común | MiResta |
|---|---|---|---|
| Tomar pedidos a domicilio | A mano | No lo hace | Incluido |
| Que la cocina los vea sola | Gritando | Papel | Incluido |
| Mesas y corte de caja | No | Sí | Incluido |
| Repartidor con GPS | No | No | Incluido |
| Que el cliente rastree su pedido | No | No | Incluido |
| Monedero y clientes frecuentes | De memoria | Aparte | Incluido |
| Tu propia app y tu menú con QR | No | No | Incluido |
Precios
Sin comisión por pedido.
Lo que vendas es tuyo. Se paga el sistema, no cada venta.
Para empezar a recibir pedidos bien.
- App de tus clientes y menú con QR
- Pantalla de cocina y comanderos
- Punto de venta y corte de caja
- Monedero y clientes frecuentes
- Tu dirección tunombre.miresta.mx
Cuando ya repartes a domicilio.
- Todo lo de Arranque
- App del repartidor con GPS
- Rastreo en vivo para el cliente
- Cobro con tarjeta
- Kiosko de autoservicio
- Tu propio dominio .com
Para varias sucursales o marca propia.
- Todo lo de Pro
- Varias sucursales en una sola cuenta
- Facturación electrónica
- Acompañamiento en la puesta en marcha
Precios en pesos, más IVA. Los 30 días son completos, con todo abierto: si no te sirve, no pagas nada. Sin contrato forzoso — si te vas, te llevas tus datos. Por ahora damos de alta restaurantes en Nayarit, así el rastreo y las rutas salen bien desde el primer día. El resto del país va en camino.
Empezar
Se arma en una tarde.
Nos dices cómo se llama tu restaurante, subes tu carta y ya estás recibiendo pedidos. Sin instalar nada.
Te contestamos el mismo día.